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Es la primera del neoliberalismo sin barreras, que los medios retransmiten en directo y magnifican
LUIS De Sebastián PROFESOR HONORARIO DE ESADE El Periodico.com
Es muy difícil escribir sobre una crisis financiera cuando está sucediendo. A los lectores les gustaría que pronosticara cuándo se va a producir el esperado rebote. Pero eso es muy difícil de pronosticar. Ahora, solo puedo ofrecerles unas consideraciones para que se ponga en perspectiva. La presente crisis solo se parece a la que inició la Gran Depresión de 1929 en que la bolsa cayó mucho. Pero en nada más. Entonces los gobernantes no entendían bien la macroeconomía, ni tenían instrumentos para combatir una recesión, cuanto menos la depresión que se les vino encima. La recesión fue precedida por una deflación de precios agrícolas e industriales. El presidente Hoover trató de combatir la recesión aplicando las reglas del patrón oro, las cuales, ante una pérdida de oro, aconsejaban reducir la actividad económica, subir los impuestos, elevar los aranceles y equilibrar el presupuesto. El resultado fue catastrófico para Estados Unidos y el mundo. Los conocimientos e instrumentos de que disponen ahora los estados para combatir la recesión han sido normalmente eficaces para detener recesiones. Ahora hace falta que los gobiernos de los países ricos y emergentes se pongan de acuerdo para usarlos pronto.
LA PRESENTEes la primera gran crisis financiera de la globalización. Es superior en virulencia a la de 1987, que tuvo unas caídas porcentuales mayores que las de 1929, pero en un contexto distinto. Aquella fue todavía una crisis de la creciente internacionalización de la economía, pero todavía no se hablaba de globalización, ni los actuales países emergentes habían emergido del subdesarrollo, ni las nuevas tecnologías habían integrado los mercados financieros. Esta crisis es completamente mundial, es un fenómeno unitario, que se representa sucesivamente en las diversas partes del mundo con una cadencia imparable. Desde nuestro punto de vista, la crisis comienza en Extremo Oriente y se va presentando cada mañana en las bolsas de todo el mundo hasta que da la vuelta al globo. Es una crisis retransmitida en directo por radio y televisión, lo que asusta más a los inversores y al público en general. En mi opinión, los medios aportan una exagerada gravedad a la crisis. Es la primera gran crisis del neoliberalismo sin barreras. La crisis se ha originado en el sector financiero de Estados Unidos, donde, desde los tiempos de presidente Reagan, reina la más completa libertad y una casi total anarquía. Mientras los reguladores están de brazos caídos, las empresas financieras inventan nuevos instrumentos cuyo riesgo no hay agencia, persona o instancia que vigile, analice y alerte en caso de riesgo excesivo. El Fondo Monetario Internacional, tan ojo avizor para crisis menores en los países pobres, y el Banco de Pagos Internacionales de Basilea, banco central de los bancos centrales, están viendo pasar ante sus ojos la crisis actual sin poder decir nada más que resaltar su gravedad. Uno se maravilla de la extensión y profundidad del fenómeno de las hipotecas basuras. ¿Cuántas hipotecas basura hicieron las financieras americanas? Nadie lo sabe, porque se hicieron sin control ninguno y ahora se desconocen las verdaderas dimensiones de la crisis. En la crisis de la deuda externa de América Latina en 1982 se conocía la cantidad total de préstamos que habían dado los grandes bancos internacionales, algo así como 300.000 millones de dólares. De ahí se podía partir para solucionar el problema. Pero ahora no se tiene ni idea del número de activos defectuosos, en peligro o francamente inservibles que hay en el sistema financiero mundial. Esa incertidumbre siembra dudas y temores en la esfera financiera. Incertidumbre y confusión generadas en nombre de la libertad de empresa. Las medidas para evitar una amenazante recesión de la economía norteamericana que ha propuesto el presidente Bush no tienen ni pies ni cabeza. La acción se ha vendido como una reducción de impuestos, cuyo total puede llegar a 145.000 millones de dólares, una pequeña inyección en una economía de 10 billones de dólares (el 1,45 % del PIB).
SE SUPONEque el dinero se va a gastar inmediatamente en consumo e inversión para fortalecer el crecimiento de la economía. Pero, ¿tanto valor se atribuye al multiplicador para que esa cantidad pueda tener un impacto inmediato y significativo en el crecimiento del PIB? Otra cuestión es si el dinero recibido del gobierno va a destinarse a nuevo consumo, o más bien a pagar las deudas generadas por el consumo anterior. Es lo más probable, dado el conocido estado de endeudamiento de las familias de clase media norteamericanas. Lo mismo se podría decir de la inversión. Es dudoso que quien reciba 1.600 dólares vaya a hacer una gran inversión. Las familias se pueden sentir agradecidas, desahogadas, más inclinadas a votar a los republicanos, pero es difícil de imaginar cómo con esta clase de ayudas se vaya a dar un fuerte impulso a la economía. De hecho las bolsas no se lo creen. Mejor sería, además de bajar el tipo de interés, un aumento sustancial del gasto público, en infraestructuras, por ejemplo, que en ese país están en muy mal estado. Su efecto puede ser inmediato sobre todo al afectar las expectativas.
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